BoJack Horseman – Un mensaje para nuestra década

Por Yerutí Vázquez.

Tomémonos un segundo para pensar lo mucho que cambió el mundo sin que nos diéramos cuenta en los últimos diez años. Desde nuestra forma de pensar y nuestros ideales, hasta la ropa que vestimos y el teléfono que tenemos. Todo pasó muy rápido y lo asimilamos automáticamente porque, en estos días, si no asimilamos, no sobrevivimos.


Pero ¿hemos cambiado nosotros? Para ayudarnos a responder esta difícil pregunta, nos cae del cielo la maravilla psicológica llamada BoJack Horseman (2014-2020). Una serie animada protagonizada por animales antropomórficos que resultó ser una excelente herramienta para analizar a profundidad nuestro escenario social y los oscuros escondites de la mente humana.

El protagonista, BoJack, fue en los años 90 la estrella de una exitosa sitcom. Ahora, ya en sus cuarentas y casi olvidado por el público, lleva una vida despreocupada en una lujosa mansión de Hollywood rememorando su pasado glorioso. Estancado en las fiestas, las drogas, el sexo casual y las relaciones humanas superficiales, decide lanzar su autobiografía para volver a ser relevante. Tras varios intentos fallidos de escribir, la editorial le asigna la escritora fantasma Diane Nguyen para que haga el trabajo. Este momento da inicio a un inescapable proceso de análisis que atraviesa la vida entera del protagonista y la de cada uno de los espectadores.

La serie es una perspectiva de reflexión intergeneracional. A medida que BoJack recuerda sus traumas o recibe las consecuencias de sus acciones pasadas, nos damos un paseo por las prácticas, los ideales y la cosmovisión de la sociedad desde los años 70 hasta la actualidad. Vemos que BoJack fue severamente desatendido en su infancia y adolescencia. Vemos que su autoestima en realidad era validación externa de un ambiente lleno de influencias tóxicas como lo era Hollywood en los años 90. Vemos cómo la decadencia de su popularidad y su inevitable envejecimiento lo llevan a la negación en el nuevo milenio. Y vemos, finalmente, que todo esto construye y explica la conducta de una persona egoísta que no tiene idea de quién es ni de cómo manejar sus emociones.

Pero esto no es nuevo. La gente que mira series lleva tiempo entendiendo los orígenes del actuar de los personajes y se ha vuelto muy exigente al respecto. Una serie que no explique las raíces de la conducta simplemente no se considera una serie bien escrita. BoJack Horseman lo hace brillantemente, sí, pero aumenta la apuesta. Además de simplemente otorgarnos causas en cada episodio, nos da consecuencias. Muchas consecuencias, que están lejos de dejarnos tranquilos como nos dejarían las simples causas. A BoJack le explotan en la cara todas las consecuencias de sus malas acciones y errores del pasado. No tiene paz, y no la tendrá, hasta que deje de ignorar la bola de nieve de traumas, que empezó con la disfuncional relación de sus padres desde antes de que él haya nacido.

El enfoque en las consecuencias en lugar de en las causas hace que esta serie se coloque en el lugar que necesitamos que esté para que nos hable personalmente. La humanidad ya tuvo suficiente de aceptar las cosas como son. Hace tiempo que pasamos a la etapa de buscar las causas de nuestros problemas y de sentir alivio en todas las razones que encontramos.

Es verdad, entender todas las cosas que fueron culpa de nuestra familia o de nuestro entorno es un inmenso alivio. Pero ya no es suficiente. Pregúntenle a BoJack. De las seis temporadas que tiene la serie, él se pasó las primeras cinco descubriendo los orígenes de sus traumas y justificando con ellos todas sus acciones. Porque justificarse con los traumas, además de equivocado, es adictivo. Hace que BoJack nunca busque ni sanar sus heridas ni cambiar su conducta.

Si bien nadie niega que fue una víctima, es obvio que también es un perpetrador. Las veces que trata mal a todas las personas que lo quieren son incontables. Y también son incontables las veces en que se excusa con la idea de «Ya estoy jodido, soy una mala persona y no puedo cambiar». Lamentablemente, esto ya no va. En esta década nos hacemos cargo. Y la serie lo deja bien claro en varias ocasiones, siendo tal vez la más memorable esta poderosísima llamada de atención que hace el personaje Todd Chavez:

«¡No podés seguir haciendo esto! ¡No podés seguir haciendo cosas de mierda y después sentirte mal como si eso lo solucionara! ¡Necesitás ser mejor! (…) BoJack, pará. Vos sos todas las cosas que están mal en vos. No es el alcohol, o las drogas, o ninguna de las cosas de mierda que te pasaron en tu carrera o cuando eras niño. Sos vos. ¿Ok? Sos vos.»

En la temporada final de la serie, después de años de repetir el patrón de negación, finalmente BoJack decide tomar responsabilidad e inicia su proceso de rehabilitación. De manera realista, tiene tropiezos, recaídas y errores. En el proceso de hacerse responsable por mejorar como persona, no necesariamente enmienda todas sus relaciones: algunas personas se alejan de él definitivamente y otras se distancian para reconsiderar el vínculo. No tenemos el típico final de comedia en que todos los problemas se resuelven porque la vida real no es así. Cerrando la serie, y la década, aprendemos que el cambio no es instantáneo, ni lineal, ni fácil, pero es absolutamente necesario para seguir viviendo.

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